Papeles Sueltos

La ciudad ajena

André de Leones

Durante los últimos días oí con frecuencia cosas como “tomar” y “retomar” la ciudad. Eso me dio qué pensar.

Si la ciudad necesita ser “tomada” y “retomada”, ya sea por la población civil o por el brazo armado del poder ejecutivo, y  a veces uno y después el otro y después el primero y así sucesivamente, vaya a saber hasta cuándo, es porque la ciudad, en rigor, no le pertenece a nadie. La ciudad está lanzada al vacío y allí permanece, inalcanzable. La ciudad no nos da la más mínima bola.

La polis es el hombre escrito en letras grandes, dice Sócrates en la República de Platón (368D-368A). Voegelin comenta en Platón y Aristóteles: “No solo la buena polis es el hombre escrito en letras grandes, sino que cada polis escribe en letras grandes el tipo de hombre que es socialmente dominante en ella” (130). Es obvio que no tenemos nada siquiera remotamente parecido a una polis (real o imaginada) aquí o en cualquier otro lugar. Tenemos, en lugar de polis, la ciudad. La ciudad es otra cosa, pero en el nivel del discurso empobrecido que anda por ahí, hay a quien le gusta, consciente o ignorantemente, referirse a ella en términos anacrónicos. Así, deja de comprender qué es la ciudad y, en consecuencia, lo que fue la polis. Pero juguemos con ello. Hagamos como las cabezas hablantes de la televisión y usemos las palabras como si fueran esto (un vacío) y no aquello (un algo).

Así: la ciudad es el ciudadano escrito en letras grandes. Ahora, si la ciudad es el ciudadano escrito en letras grandes, el ciudadano brasileño no se escribe en la ciudad de ninguna forma. Nunca escribió. Y no escribe porque  la ciudad le es ajena. Las recientes manifestaciones dan una idea bien clara de esto. Obsérvese por ejemplo, esa tierra de nadie entre la policía militar y los manifestantes. Esos metros de asfalto vacío configuran una zona de indistinción. La policía avanza, tirando, y los otros retroceden, pero la tierra de nadie permanece allí. Es donde están los políticos, sentados. Ellos esperan mientras unos y otros corren. No los vemos. La ciudad está alrededor de todos, ajena.

Entonces, tenemos cuatro cosas: policía, políticos, manifestantes, ciudad. Las dos primeras, que al fin y al cabo constituyen una cosa sola, se encuentran divorciadas de las dos últimas, sobre todo de la ciudad. Existe desde siempre un esfuerzo por aislar al ciudadano de la ciudad, es decir, de vaciar uno y otro de aquello que lo volvería a cada uno lo que debería ser. En la medida en que el ciudadano es impedido de constituir la ciudad, y viceversa, ambos pierden la razón de ser.

La ciudad brasileña no es una ciudad, sino un amontonado brutal y creciente de automóviles, cemento, basura, violencia. El ciudadano brasileño no es ciudadano, sino un mero paseador de cemento, cuando no un mero paseado por el cemento. Se inscribe en una especie de exilio. Está en la ciudad, pero no la constituye. No es visto con y por ella, y viceversa. Es un bastardo. El grito que se oye en las calles es el grito de los bastardos.

Yo soy un bastardo. Estoy fuera del Estado (no me vengan a hablar de democracia, por favor) y ajeno a la ciudad. Soy paseado por el cemento, pero no me confundo con él porque lo sé. Saberlo no significa mucho. Es solo un índice más de enajenación.

En vista de todo esto, pregunto: ¿es posible conciliar ciudadano y ciudad? (Conciliar y no reconciliar, puesto que jamás caminaron juntos). No lo sé. Probablemente, no. La relación entre ciudad y ciudadano me parece inevitablemente ágrafa. Nadie escribe a nadie. La ciudad se limita a describir su propia enajenación. Hay que buscar otro modo de pensar y de estar, algo más allá (o anterior) a la urgencia del cemento. La cuestión es, sí, anterior. Dice respecto del propio lugar del humano. Es ontológica, no “ciudadana”, “urbana” o “política”. El resto es ruido y corrida, más de lo mismo.

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PLATÃO. A República. Traducción: Anna Lia Amaral de Almeida Prado. São Paulo: Martins Fontes, 2006.

VOEGELIN, Eric. Platão e Aristóteles (Ordem e História – Volume III). Tradução: Cecília Camargo Bartalotti. São Paulo: Edições Loyola, 2009.

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Original en portugués: http://vicentemiguel.wordpress.com/2013/06/19/a-cidade-alheia-2/

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