Papeles Sueltos

DOMINGOS SIN DIOS

LUIZ  R U F F A T O | DOMINGOS SIN DIOS

Trad. Julia Tomasini

[fragmento] 

ESPAÑOL | PORTUGUÉS

Miró a la madre, la piel del rosto ajada, arrugas de una vejez anticipada, los brazos y las manos salpicados de manchas de sol, toda su vida inclinada sobre el horno, trabajando mañana y noche, esclava de los suyos, ausentes fines de semana, feriados, nada de fiestas, nada de alegrías domésticas, nunca un deseo, como visitar a los parientes dispersos por Ubá, Astolfo Dutra, Juiz de Fora, conocer el mar en Mataraízes, pasear por la plaza Rui Barbosa o la Rua do Comércio, solo la primera misa de domingo en la Matriz da Santa Rita de Cássia, año tras año, viendo crecer a los hijos, los días hacerse noche hacerse días, y, de repente, anunció, Mamá, me voy a São Paulo, porque lo sabía, si esperaba mucho quizás permanecería para siempre atascado en aquella ciudad, en aquel barrio, en aquella casa, en aquel pedazo estancado en el tiempo, y ella, atónita, preguntó, ¿Te vas? ¿São Paulo?, ¿Desde cuán, pero ya no estaba oyendo nada más, saltó los escalones, de dos en dos, golpeó la puerta de calle y echó a andar por ahí, contemplándolo todo,

los amigos, los conocidos, los extraños, los hombres y las mujeres, los muchachos y las muchachas, los viejos y las viejas, los niños y los bebés, los árboles copudos, las plantas jóvenes marchitas, la fábrica de telas, los talleres mecánicos, los puestos de electricistas, los puestos de diario, las tiendas y las mercerías, los almacenes y las verdulerías, las panaderías, los cafés, los bares, los automóviles y los buses y los camiones y las carretas, los gatos, los perros, los ficus, las sebipiras, lo salones de los parroquianos, los salones de los evangelistas, los salones de belleza, los salones de danza, los prostíbulos, la alcaldía, los hoteles sospechosos, la Cámara Municipal, los estadios de fútbol, los potreros, los centros espiritistas, los centros de macumba, el Centro, el Río Pomba, el Río Meia-Pataca, el arroyo Lava-Pés, el arroyo Romualdinho, el Puente Nuevo, el Puente Viejo, el colegio, la escuela, los grupos escolares, la escola de samba, como si fuera la primera vez, siendo la última.

São Paulo es un mundo, las palabras del padre resonaron en la noche iluminada por una enfermiza lámpara de cuarenta velas, sombras deformes resbalando irreales por las paredes. Sentados a la mesa, recubierta por un pulido mantel a cuadros, devoraban la broa-de-fubá, aún caliente, recién desmoldada. La madre, encorvada, arrastrando sus várices de un lado a otro, preguntaba ¿Más café?, ¿quieres?, adivinando, angustiada, que en aquel exacto instante perdía al hijo menor, irremediablemente… Toninho masticaba satisfecho, todo ojos para la prometida, Delinha, hija del finado don Miguel Carroceiro, que Dios lo tenga en la gloria!, que retribuía, recatada, sonrisas avergonzadas. Júlia, dando vueltas por la Praça Rui Barbosa, cribando a alguien que pudiera liberarla de ese destino, de la marca, obrera de fábrica; Lalado, andando por la Río-Bahía, Roberto Carlos gritando en el pasacasetes. No dejes de buscar a Juca, hijo, dijo el padre, refiriéndose al hermano que vivía en São Bernardo do Campo. Puede ser útil al principio… Hélton… el yerno, ese que tiene un taller mecánico, ¿recuerdas?, casado con… ¿Cómo se llamaba, Jânua? ¿No sabes?… No se puede despreciar esas cosas… Busca a tu madrina, la comadre Alzira… Habla con Nelly, con el muchacho, el hijo, ¿cómo se llamaba?, ¡Nílson!, él debe conocer bastante gente allá.

Ajenos, Toninho y Delinha se deslizaban en un arrullo en dirección a la parada de buses, iban a acompañarlo a la estación; la madre, No voy, hijo, mucho para hacer, Dinamite, pobre, abrazándolo, irrumpió en llantos, en quejas, en ayes; el padre, aparte, susurraba, atragantado, qué tontería, Jânua, ¿qué querías?, ¿que el chico se quedara aquí, para que sea el felpudo de los Prata? ¿Era eso? Si fuera más joven, sería yo quien se estaría yendo, São Paulo es un mundo, Allá quien tiene fuerza de voluntad, vence. Tomó el alza de la maleta de cartón azul que la madre había comprador en el Bazar Leitão, y en la que cuidadosamente había doblado y acomodado, una por una, las pocas ropas, y desapareció en la oscuridad dulce de las damas de noche.

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Domingos sem Deus © Luiz Ruffato. Por acuerdo con el autor. Traducción © 2012 J.Maciel. Derechos reservados.

Agradecimiento:

Embajada del Brasil en Washington DC.

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