Papeles Sueltos

CAROLA SAAVEDRA |  El triángulo frente a ti estalló en pedazos

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Paisagem com dromedário surge a partir de dos ideas básicas. La primera, relacionada con la trama, se cristaliza en la siguiente frase del protagonista: “Es que las relaciones solo existen así. De a tres. Siempre es necesario un tercero que, al ser excluido, pueda a través de su ausencia establecer un lazo entre los otros dos”. Pensando en eso creé la historia de Érika y Alex, una pareja de artistas que se relaciona con Karen, joven alumna de Alex, que se siente atraída, fascinada por esta pareja. Partí entonces de la pregunta: ¿qué pasa cuando ese triángulo se deshace? Recuerdo que esta idea del triángulo surgió al observar una situación muy diferente de la que narro en el libro, pero que tiene la misma dinámica: un hombre casado tiene una amante y, al revés de lo que imaginamos, es justamente la amante quien mantiene funcionando ese casamiento. En fin, me interesaba esa lógica poco romántica de las relaciones.

Mi otra inquietud era la forma, una reflexión que está presente desde mi primera novela, Toda terça, y que busca respuestas a la pregunta sobre cómo contar una historia. Si todas las historias ya fueron contadas, ¿qué le queda al escritor? Mi respuesta siempre ha sido esta: le quedan nuevas formas de contar la misma historia. Yo quería trabajar con un registro que me permitiera una dramaturgia diferente de las que había usado en las novelas anteriores (una especie de modelo para armar en Toda terça, y cartas en Flores azuis) Surgió entonces la idea de trabajar con grabaciones. Paisagem com dromedário está compuesta por veintidós grabaciones. Érika, exiliada en una isla, graba para Alex registros de su pasaje por allí, pensamientos, recuerdos, dudas, etc. Me interesaba un texto que se acercara al radioteatro y que usara las acotaciones como forma de puntuar el monólogo. Esas acotaciones en itálicas (los ruidos del ambiente, música, fragmentos de diálogos, programas de televisión, etc.) funcionan como una segunda voz, un narrador implícito que, de cierta forma, interpreta y hasta comenta el discurso del personaje. Ese narrador casi imperceptible hace las transcripciones; y al transcribir las grabaciones, da su propia interpretación. Nada nos asegura su integridad. Él funciona como un filtro que pudo incluso haber modificado las palabras originales. Al utilizar este recurso, mi objetivo era justamente cuestionar la veracidad que una grabación en general nos transmite. Si está grabado, ¿sucedió? En Paisagem com dromedário este cuestionamiento adquiere otros matices. De hecho, esa es una de las características de mis libros: me gusta trabajar con formas narrativas que dejen dudas sobre la veracidad de lo que se cuenta.

Nada de esto era tan claro cuando comencé a escribir el libro. Inicialmente, mi idea era escribir una especie de road movie. La historia de una pareja que se va distanciando emocionalmente durante un viaje. Pensé en una historia en la que los escenarios, la música y la radio fueran parte importante de la narración. Llegué a escribir unas cuarenta páginas, pero no funcionó. La descarté. De aquello quedó apenas el deseo de buscar una narración que se acercara a otras artes, el cine, las artes plásticas, el teatro. Recuerdo bien cuándo surgió la idea de trabajar con sonidos, de hacer un texto que se aproximara al radioteatro. A partir de una película de Wim Wenders, que había decidido volver a ver después de muchos años, Lisbon Story. Hay una escena citada en el libro: el protagonista pasea por Lisboa grabando los sonidos de la ciudad. A partir de esta escena surge mi Paisagem com dromedário. Me fascina la imagen de una persona caminando por un lugar desconocido y sin embargo concentrada solo en los sonidos, en los ruidos que aparecen por casualidad, en la historia sonora del lugar. Esa es Érika, mi narradora. Solo que la ubiqué en una isla. Una isla que no se nombra nunca pero que existe. Todo lo que está descrito en el libro sobre el lugar existe: los dromedarios, las grutas, los volcanes, etc. Estuve allá hace unos dos años. En esa época pensé: esta isla es inverosímil, parece la luna, parece un lugar fantástico. Pero preferí no nombrarla porque en el libro se trata principalmente de una isla psíquica y era importante no situarla geográficamente. Y está también la isla simbolizada por la imagen de un grabador en una sala vacía. Me gusta esa imagen, una voz en un grabador, tal vez una voz que no exista más, hablando para una sala vacía. Hay una soledad enorme en eso.

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Traducción: Julia Maciel 

“O triángulo na sua frente está aos pedazos” en Ficcionais © Carola Saavedra. Por acuerdo con la autora. Traducción © 2013 por Julia Maciel. Derechos reservados.

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