Papeles Sueltos

JOCA REINERS TERRON| MALDIC(C)IONARIO DE LITERATURA BRASILEÑA

Trad. Sergio Colina para Revista 2384 

Agrippino José Agrippino de Paularepresenta la quintaesencia de la maldición literaria brasileña. Tuvo pasta, amó a una de las mujeres más hermosas de su tiempo, después se volvió loco, se arruinó y acabó muriendo solo. Todo ello a pesar de haber medio inventado el Tropicalismo con Panamérica, novela pop de 1967 (o sea, publicada en el momento adecuado) que podría haber dado la vuelta al mundo y determinado su lugar en el futuro.  También fue autor de Lugar público (1965), una novela tan rara que consigue traducir literariamente el caos urbano de la ciudad de São Paulo con técnicas del nouveau roman. Nada de eso funcionó, y sus libros continúan en la cenagosa fosa común destinada a los autores cult.

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Campos de Carvalho, no los Hermanos Campos. El de Uberaba (Minas Gerais), ese sí que bebió y se atiborró de surrealismo y de literatura francesa. Resultado de la borrachera: se convirtió en dueño de una obra verdaderamente maldita en el ámbito nacional. Duda: ¿se merece esto? Pues claro que no: el autor de A lua vem de Ásia, tan lleno de gracia, merece ser leído por multitudes. Jorge Amado, que compraba sus libros a puñados para regalárselos a los amigos, lo sabía muy bien.

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Estilo Gran maldición de la literatura en lengua portuguesa, campo abonado para que el tartamudeo del licenciado se desparrame rotundamente, el estilo puede llegar a ser la mayor catástrofe cuando se confunde con escribir “difícil” (normalmente una escritura romántica y pedante repleta de lirismo). Parte considerable de la producción literaria brasileña sufre esa maldición, que une ideas simples y prosa complicada. En ese aspecto, toda la culpa es de Guimarães Rosa.

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Humorismo – De acuerdo con Juan José Saer (y nuevamente recurro a un argentino para justificar la insania tropical), “el origen del realismo se encuentra en la comedia, que es, digamos, el arte de la realidad como tal”. Y completa: “Cervantes, padre del realismo, introduce en la narración la comedia como fuente y garantía de historicidad”. En el caso brasileño, sin embargo, una obra literaria caracterizada por el humor está condenada –a pesar de toda la ironía machadiana y de Brás Cubas– a no ser tomada nunca en serio; los brasileños somos más realistas que la realidad (de ahí que nuestra moneda se llame real), y nuestra energía existencial parece exigir una literatura seria, sesuda, compenetrada. O sea, que somos serios al menos sobre el papel. – Para más información, consultar la entrada Realismo.

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Oralidad – Parte crucial de la maldición literaria brasileña es esa compulsión invencible que obliga a los brasileños a hablar y hablar y hablar y hablar (y, muy de vez en cuando, muy pero muy raramente, a oír), pero nunca, de ninguna de las maneras, irremediablemente nunca, a leer.

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Sussekind & Sussekind – ¿Qué decir de Carlos Sussekind que no haya sido dicho ya en este perfil realizado por André Conti & Vanessa Barbara?; o de libros como Ombros Altos (1960), Armadilha para Lamartine (1976) y Qué Pensam Vocês Que Ele Fez (1994), que no sea ¡WAKE UP, BRAZIL!? Carlos Sussekind necesita ser descubierto, leído y amado, porque es, senza dubbio, uno de los más divertidos, líricos, elegantes, melancólicos e inteligentes escritores brasileños del siglo XX, en plena ebullición en el siglo XXI. Siendo así, ¿para qué esperar a leerlo hasta el siglo XXII?

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Para leer el maldi(c)cionario completo :

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